Una historia real sobre diversidad escolar

Texto escrito en junio de 2019 para un proyecto sobre diversidad:

Nuestro aula de personas pequeñitas es muy diversa, tan diversa, que si fuéramos colores seríamos un arcoíris completo. A mi maestra le encanta nuestro aula porque dice que nunca se aburre. Eso sí, también nos dice que está muy cansada… ¡ y eso que solo hemos estado un año con ella! Por lo visto, hemos sido el curso más diverso en todos sus años de maestra.

Nuestro aula diversa nos ha enseñado algo muy importante: el respeto. Porque hemos aprendido que no todos los niños y niñas de nuestra edad tienen una familia igual, ni saben hacer las mismas cosas, ni comportarse del mismo modo.

Nuestra maestra nos ha hecho un poema especial. Se llama: “No importa si te equivocas”. Y nos gusta muchísimo.

Algunas personas de nuestro aula necesitan ayuda para ir al baño. Esto, al principio, nos sorprendía, pero ella nos ha explicado que cada persona aprende las cosas a un ritmo diferente. Y además, todos podemos equivocarnos. También se nos puede escapar el pipí alguna vez y ella no se enfada, porque dice que nos puede pasar a cualquiera. Igualmente, en nuestro aula hay quien necesita ayuda para comer. Y, a veces, viene una persona adulta a ayudar con las meriendas de media mañana. También hemos visto que cada persona come a un ritmo distinto y hay quien necesita mucho tiempo. Y así, con cada cosa que aprendemos.

Nuestros juegos también son diferentes y no todos son del agrado de nuestra maestra. Hay a quien le gusta tirar los objetos por el suelo, para que reboten y se esparzan por todo el aula. Eso parece fascinarle a uno de nuestros compañeros, así es que nuestro suelo siempre esta lleno de cosas que se pisan . A veces, son piezas de juegos, pero otras veces, son frutas, comida, tizas, etc. Nosotros ayudamos, a veces, a recoger las cosas que se esparcen pero otras, nuestra profe se tumba en el suelo y las va recogiendo poco a poco. También utiliza la escoba y el recogedor.

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La maestra nos ha enseñado que nuestro compañero no hace eso para fastidiarnos, sino porque le gustan los colores y los sonidos de las cosas al caer. Al principio, no lo entendíamos, pero ya lo vamos comprendiendo. De todas formas, estamos ayudando a nuestro compañero a no hacerlo. A veces, se enfada mucho y le dejamos. Porque si grita demasiado, no podemos seguir con el trabajo que estamos realizando. Pero no nos enfadamos, porque sabemos por qué lo hace. Nos lo ha explicado nuestra maestra.

Por la ventana de nuestro aula, a veces, caen cosas al exterior: muñecos, lápices, frutas. Porque es también el juego preferido de alguien que está aprendiendo a su propio ritmo. Nosotros salimos a por las cosas y ayudamos a la maestra a recogerlas.

El silencio en nuestro aula no existe, y pocas veces logramos hablar bajito. Hay personas en nuestro aula que cuando se enfadan, gritan y arrojan objetos, o se golpean la cabeza contra la puerta o contra el suelo . Pero también nos ha explicado nuestra maestra que no es porque realmente quieran hacerse daño o molestarnos con sus gritos. Es porque se sienten muy mal y no saben cómo expresarlo. Al principio no lo comprendíamos, así es que nosotros hacíamos lo mismo. ¿Por qué no? Pero ella nos ha explicado que nosotros ya hemos aprendido y “sabemos enfadarnos” sin hacernos daño, y sin gritar. Pero, a veces, se nos olvida.

Cuando los objetos vuelan por la clase, porque es el juego de alguien que aprende a su propio ritmo, nosotros agachamos la cabeza y los evitamos, y ya hemos aprendido a seguir trabajando sin distraernos. Pero hemos tenido que aprender, porque al principio, no sabíamos qué pasaba y nos uníamos a la fiesta.

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Cuando nuestra maestra explica algo en la pizarra digital, a veces, la pantalla empieza a dar vueltas y se estropea, y es que bloquear la pizarra es también el juego preferido de alguien que aún no ha aprendido a no jugar a este juego que nos fastidia tanto. Nuestra maestra se pone muy nerviosa, y es por eso que no solemos utilizar la pizarra digital. Ahora utilizamos la de siempre, con tiza. Porque dice nuestra maestra que a los grandes problemas debemos buscarle grandes soluciones, o las que haya…

También hemos aprendido en nuestro aula diversa, que hay personas con muchísima fuerza, y que de una sola patada pueden dejarte en el suelo con mucho dolor. Pero estamos aprendiendo a responder de forma no violenta para enseñar a estas personas que hay otras maneras de solucionar los problemas. Estamos en ello.

Hay personas que no asisten diariamente a clase, porque tienen problemas de salud o sus familias tienen otros problemas y deben solucionarlos. Así es que hemos aprendido que es necesario parar el ritmo y esperar un poco a que estas personas, cuando vuelvan, recuperen el tiempo perdido. Porque dice nuestra maestra, que lo importante es que todos aprendamos juntos. Y que no importa esperar un poco. Aunque ella, a veces, parece preocupada porque quiere que todos aprendamos mucho. Creo que lo hemos conseguido. Ella dice que estamos tan preparados o más, que cualquier curso de la misma edad. Y cuando dice eso, se siente muy feliz, aunque a veces, parezca triste.

En nuestro aula, las cosas importantes están bajo llave, detrás de una cortina o en cajones, porque muchas veces, estas cosas desaparecen: grapadoras, tijeras, chinchetas. Nuestra maestra, cuando algo de esto desaparece, se asusta mucho, sobre todo, si aparece en la boca de alguien a quien le gusta chuparlo todo y hace esto muchas veces. Entonces, nuestra maestra debe tirarse al suelo a abrirle la boca para sacárselo. Estas cosas, ella nos ha explicado que son muy peligrosas y que no debemos metérnoslas en la boca. Así es que ahora las pone muy arriba o muy lejos, y a veces, no las encontramos cuando las necesitamos.

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Cuando las cosas aparecen en una boca de alguien que no comprende que esto no puede hacerse, la maestra se pega un susto gordísimo, y después, está tan cansada que nosotros vemos que está a punto de echarse a llorar. Sobre todo porque nosotros, aunque intentamos ayudarla, no sabemos cómo, así es que aprovechamos para saltar por encima de las mesas y las sillas, porque sabemos que ella no va a venir, ya que está muy ocupada abriéndole la boca a alguien. Es super divertido. Pero a ella no le parece bien. Y nos está enseñando a no hacerlo. Ya lo vamos entendiendo.

También hay quien saca los peluches y nos los tiramos a la cabeza. Entonces, la maestra grita mucho hasta que paramos. Y luego, nos dice que no le gusta gritar, pero no sabemos por qué lo dice, porque al final siempre grita. Pero a nosotros, eso nos da mucha risa. Ella nos ha explicado que nuestro comportamiento es peligroso. Porque si ella está atendiendo a una persona que está en esa situación, mientras, nosotros podemos hacernos daño también. Algunos de nosotros lo hemos comprendido, y ya no lo hacemos, pero otras personas aún no lo entienden.

Algunos días le pedimos a la maestra que nos ponga música para bailar, pero ella dice que está cansada y que no quiere. Eso nos pone tristes porque nos lo pasamos muy bien bailando, pero ella parece que no se divierte mucho porque hay personas que gritan con la música. De todas formas, logramos convencerla, hasta que los juguetes vuelven a salir disparados por la ventana, que es el juego preferido de alguien que aprende a su propio ritmo. La maestra, entonces, para la música y bebe agua porque parece que se va a ahogar. Y cuando recogemos los juguetes, intenta explicar a la persona que juega a este juego, que eso no se puede hacer. Pero ella sabe que lo va a volver a repetir y nosotros también, porque ya nos ha explicado ella, que esta persona que tira las cosas aún no comprende que eso es incorrecto. Esta aprendiéndolo. Ella lo sabe, pero necesita beber mucha agua para recordarlo.

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Este año nuestra maestra nos ha enseñado a hacer mindfullnes. Al principio, creíamos que no íbamos a poder, pero ahora lo hacemos genial. Es una pena que ya estemos terminando el curso porque dice nuestra maestra que ahora es cuando está empezando a ver que nuestro aula diversa empieza a funcionar. Nos ha escrito un libro de poemas, con uno para cada persona, con toda la belleza que dice que nos ve por dentro y por fuera. Porque, aunque dice que está agotada, sabemos que nos quiere muchísimo. Este año hemos aprendido mucho juntos. Pero todo… lleva su tiempo…

Quizás, las aulas como la nuestra necesiten más ayuda para que todos seamos más felices. Quizás.

Pilar Alcántara, junio 2019

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