Píldoras V-14: amistades peligrosas

Esa noche quedaron en casa de su amiga. Esta vez era una señora estupenda. Muy simpática y atractiva, culta, moderna. Además, tenía una gran casa. Ella se llevó al bebé, como siempre que salía de casa. Todo se desenvolvió en un ambiente extraño para ella: “¿Sería correcto hacer este comentario y no otro?¿Le molestaría a él si ella hablaba sobre esto o lo otro?, ¿se enfadaría después él con ella si decía algo indebido?”. Permaneció callada, por si acaso, como siempre. La noche transcurrió lenta y aburrida. Ella le dió el pecho a su bebé, mientras su marido y la señora estupenda reían sin parar. Parecían tener mucha complicidad. Contaban chistes, parecían felices. Eran libres y jóvenes. Pensó que ella no pintaba nada allí, así es que no volvió jamás. Él sí, él siguió yendo dariamente. Porque era su amiga y punto.

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