Absurdos y absurdas

Cada vez que escribo algo o comento algo sobre feminismo, siempre hay alguien que me dice: “Pero hay hombres buenos”. Ante esto,  ¿qué hago? No sé si responder con otro absurdo: ” Hay árboles en el campo”; ” hay pájaros cantores”; porque la impotencia que siento cada vez que escucho esto es inmensa. Ni siquiera voy a explicar más sobre el tema, porque el absurdo no lo merece.  Aparte de este desahogo.

Los tópicos se repiten: ” No tenéis por qué odiar a los hombres”.  A esas alturas y cuando llegamos al comentario estrella, yo ya estoy para meterme en la cama y no levantarme. ¿ Por qué creen esas personas que yo debo odiar a los hombres y ellas o ellos no? Probablemente  tengo más motivos para amarlos que para odiarlos. ¿Eso me impide ser crítica con un sistema patriarcal? Probablemente son esas mismas personas  las que los odien.  Yo no.  Escribo, trabajo, creo… no tengo tiempo para odiar a nadie. Lucho contra un sistema,  ¿es tan difícil entenderlo? ¿ A qué hombres se supone que tengo que odiar por ser feminista? ¿ A los Pacos, Pedros, Antonios? ¿ Bajo qué criterio los odiaría: rubios, morenos, atletas?  ¿Qué quieren decir cuando dicen hombres? Probablemente he amado y he sido amada en mi vida mucho más de lo que esas personas defensoras del machismo llegarán a amar jamás a sus ” hombres”. Y no, no odio a a nadie. A nadie. Aunque debería empezar a hacerlo. Por la jartura que tengo.

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¿Maltratadores?

Me gusta escribir sobre lo que conozco. Y después de esta premisa, pondré un granito de arena, en mi blog, sobre la situación que estamos viviendo en España con respecto a los maltratadores. Solo por poner mi grano de arena, por pura necesidad vital de expresarme ante tanto desconocimiento:

  1. Un maltratador no suele ser una persona desagradable, sino que, en muchos casos, es todo lo contrario, y a ojos de los demás, puede ser, (digo puede ser, porque es que a mucha gente le cuesta imaginarlo así), hasta muy  agradable, posiblemente culto, atractivo, avanzado, de estética moderna, con ideas progresistas, incluso…
  2. Un maltratador no suele caminar por la calle con pistola o machete. Puede caminar con un bolígrafo, un periódico, un libro de filosofía…
  3. Un maltratador no es solamente el que pega a su mujer en público o privado, como mucha gente, en su simpleza, piensa. Las formas de “pegar” , atacar, hacer daño, suelen ser sutiles y perversas. A veces, difíciles de demostrar: Insultos, empujones, prohibiciones, vejaciones, humillaciones…  la mayoría de las veces, en privado…
  4. Un maltratador suele consolar después de su ataque, como estrategia. Regala flores, cenas, viajes, y  multitud de tácticas, que desde dentro, no suelen verse como tales… todo para hacerte creer que fue un error, un malentendido.
  5. Un maltratador suele hacerte dudar de tu cordura…
  6. Un maltratador es, casi siempre, fácilmente reconocible por mujeres que han podido salir del maltrato, pero parece ser invisible para el resto de personas, que tiene una idea preconcebida de cómo es en realidad el maltrato.
  7. Un maltratador suele ser una persona muy débil en todos los aspectos, pero aparenta todo lo contrario.
  8. Un maltratador es casi siempre un mentiroso compulsivo, manipulador hasta límites insospechables…
  9. Un maltratador es un ser vil producto de una sociedad patriarcal enferma.
  10. Un maltratador no podrá ser nunca un buen padre, porque está incapacitado para amar de verdad, sinceramente, sin herir y sin manipular.

La lista es interminable… y siempre implica vidas destrozadas. Lucho, luchamos porque esto no ocurra. Porque este tipo de mosntruo no se reproduzca en nuestra sociedad. Es de justicia. Entre otras cosas, por esto soy, me considero, feminista.

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La complicidad machista

Desde que me dedico a las labores propias de mi sexo, es decir, a estudiar y formarme, mi vida ha cambiado por completo. Sobrevivir durante años en entornos machistas te destruye… y va minando tu autoestima. El machismo necesita cómplices, si no, no se sostiene. Es triste… porque sentir que todo un entorno está contra ti, te hace dudar de ti misma y de tus valores, te hace tambalear…  Hasta hace unos años, abrir un libro de filosofía hacía que me saltaran comentarios por todas partes: ” El diablo cuando no tiene que hacer mata moscas con el rabo”. Estudiar filosofía, sin saber aún cuajar bien una tortilla de patatas, era absolutamente inaceptable en los entornos en los que yo me metí por mi propia voluntad… o eso creo…

Recuerdo una tarde, en un comedor de pueblo. Las ventanas con las persianas echadas hasta abajo para evitar el sol desgarrador. Estábamos sentadas alrededor de la mesa camilla. Los hombres, en otra estancia. Tres señoras preguntándome por mis valores. Juro que todo es verdad: “¿De labores cómo andas, punto, ganchillo, costura?”, respondí, muy nerviosa, que el piano me había ocupado mucho tiempo y que las labores no me gustaban. ” ¿Y de cocina? “, dije que de cocina, lo justo. Me miraron muy serias, se rieron en mi cara, y después, me ignoraron por completo. Una inútil…, eso pensaron.  Paradógicamente, mi madre me salvó: “¿Pero tú eres tonta? ¿No les has dicho que tienes un sueldo, que te ganas la vida por ti misma desde los veinte años?… “. Mi madre me ha salvado de muchas…

Mis hijos tampoco sabían situarme. Esto me dolía especialmente: “¿Por qué no te quedas a tomar chocolate con churros con las demás mamás? , luego no te enteras de  nada. Nunca te enteras de nada” . No lo decían un día… lo decían muchas veces, enfadados… “¿Por qué tienes que trabajar en otra ciudad? No eres como las demás mamás…”.

Hizo falta que pasaran años para que me situaran en un contexto en el que yo me sintiera valorada, y valiosa para ellos. Sé que ahora todo es diferente. Muy diferente….pero el precio… ha sido muy, muy , muy alto. Demasiado alto. Demasiados cómplices alrededor. La libertad, ahora lo sé,  hay que ganársela y el precio es, a veces, incalculable…

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ÉL DICE QUE ES AMOR

Un día cualquiera de estos tiempos difíciles: Él, pendenciero, débil, flojo, de mente cuadriculada y fascistoide, convencido de su superioridad de macho, se ha empeñado en conquistarla a ella, ilusa, creyente fervorosa en el amor. Para eso él llora, patalea, hace dibujitos por las paredes, insulta a diestro y siniestro en las redes sociales, rechina su coche macarra por las calles tranquilas que no quieren verlo ni escucharlo. Y cubre las heridas profundas que ya le hizo con palabras empozoñadas de dulce veneno. Al final lo consigue… se la lleva y le dice que eso, su carpicho machirulo y torpe, su asquerosa supremacía de la fuerza bruta, se llama amor. Ella, sedienta de emociones de color de rosa… confunde el amor con este pastel envenenado. Todo esto en un día cualquiera de estos tiempos difíciles… y solo cabe esperar.

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La blusa de mi madre y el feminismo

Ayer, mi madre, de noventa y un años, me decía que alguien le había comentado que  la blusa no le ” pegaba” con la falda. Mi madre me decía: ” Si yo digo que me pega, me pega,  ¿a  ver quién me dice que no pega si yo digo que me pega?”. Esa es mi madre… y así ha sido siempre. He escrito mucho sobre ella, por lo atípica, especial y rebelde que fue  siempre, desde la infancia. Mi madre es feminista pero no lo sabe. Nos educó en esa línea, pero no lo sabía. Por supuesto, estaba llena de contradicciones, como toda nuestra infancia. Pero sus mensajes, los que nos transmitía de corazón eran mensajes feministas: ” Trabaja fuera de casa, tendrás independencia, además, no hay nada más aburrido que trabajar dentro; bah, la plancha… que se planche quien quiera su ropa; estudia mucho; las casas son casas, no te esclavices por una casa, ni por un sofá con un cuadro encima; cocina lo necesario, nada de pasarse el día en la cocina; diviértete porque la juventud se va….”.

Mi madre siempre trabajó fuera de casa, y era una entusiasta de la cultura. ” Yo soy torpe, pero vosotras, no. Estudiad”, nos ha dicho siempre. Por supuesto, mi madre no es torpe. Mi madre es que no pudo estudiar nunca, pero se preparó lo que pudo en unos tiempos muy difíciles. Mirando el rostro bellísimo de mi madre, respirando su rebeldía… entiendo y comprendo toda mi vida. Agradezco enormemente sus enseñanzas… y es que yo tampoco sabía que yo misma era feminista. Mi madre me lo ha mostrado. Ahora lo entiendo todo. Gracias, mamá.

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imagen: Gosia Janik

 

Nuestro pequeño Loto

Nuestro pequeño y amado Loto: Te mandamos mucho amor y  fuerza en tu lucha.  Llegaste a nuestra casa, tras meses desolados por la pérdida de nuestra perrita Bimba. Fue nuestra opción personal adoptar a un perrito enfermo. Llegaste sucio, triste, miedoso, dolorido, con una bronconeumonía y diversos males añadidos. Al poco tiempo, y tras muchos cuidados:  alimentación, medicamentos,  peluquería, resultaste ser ¡un precioso foxterrier! Nunca lo imaginamos. Fue como la historia del patito feo. Tras un año a nuestro lado, parecías estar más radiante que nunca. No fue fácil. Estabas sin educar… pero estamos muy satisfechas de tus logros. Hace unos días que los problemas de salud te han vuelto a atacar. No está siendo un comienzo de año fácil. Volvemos a estar desoladas. Te vemos luchar y luchamos a tu lado. Sabíamos que esa era nuestra tarea desde que te trajimos a casa. Cuando te miramos vemos lo que eres: inocente, puro y blanco, como la flor de Loto que nos inspiró tu nombre… y estamos a tu lado pequeñín. Te queremos. Lucha.

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Silencios cómplices

Hay demasiados labios cerrados, silencios cómplices. Demasiados armarios con olor a naftalina, llenos de  ojos mirando para otro lado desde la oscuridad. Demasiadas puertas que no se abren por miedos.  Hay que arriesgarse. Aunque muchos quieran seguir cerrando las puertas, es inútil. Al final hay que asumir que, a veces, ocurren cosas que nadie quiere ver, ni nombrar. Pero que existen. Más de lo que nos imaginamos. Solo hay que abrir más los ojos. El silencio es solo una tumba rodeada de complicidad mortal.

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